La verdadera hogaza de pan
- Adriana Espiago

- 12 feb 2020
- 2 Min. de lectura
Muchas veces, la ventaja de vivir en una población pequeña son, además de sus gentes y el estilo de vida relajado frente al ajetreo de la ciudad, los pequeños comercios artesanos.
Si es cierto que en la ciudad encontramos de todo. Los grandes supermercados son abastecidos con todo lo que podríamos necesitar y más; pero, seamos francos; las calidades ni si quiera se asemejan al producto del pequeño comercio. Y es que si hay algo que echo de menos de mi pueblo aquí en Madrid y que me gusta encontrar siempre al regresar a mi casa, es esa barra de pan recién sacada del horno, doradita y crujiente.
La panadería de mi pueblo abastece diariamente de pan además de otros muchos productos artesanales hechos en el horno, como hojaldres, mantecados y otro tipo de bollería que parece común, pero que no es como cualquiera. El negocio funciona porque de esta manera la gente no tiene que desplazarse de la localidad para adquirir un producto que en muchos de los hogares españoles es de primera necesidad y uso cotidiano. Proporciona un fácil acceso a un alimento tan básico como es el pan. La estructura de este negocio sería el local donde se establece; además de los bienes que se necesitan, como el horno, la harina y demás materiales. También la mano de obra; tanto de las personas que fabrican los alimentos allí mismo en el obrador, como de las que atienden a los clientes en la tienda.
La organización en este pequeño comercio es muy simple, ya que es un negocio familiar. Los socios son la madre, la hija y los dos nietos. La iniciativa vino hace mucho tiempo atrás, y por ella pasaron más personas de las que hay actualmente. El miembro más longevo de la familia es el emprendedor, normalmente alguien decide emprender cuando aprecia una carencia o necesidad y una buena oportunidad de mercado. Después la descendencia va ocupando cargos y responsabilidades en el negocio que les permiten sacarlo adelante y más tarde incluso heredarlo. Como en todo negocio, siempre que se emprende se necesita de una inversión inicial, que la pone la persona que ha decidido embarcarse en ese camino. Poco a poco y si el negocio sale bien, se va recuperando esa inversión y obteniendo beneficios que se reparten entre la persona emprendedora y los socios o empleados.
Cuando estoy en Madrid, curiosamente no consumo apenas pan. Para que luego digan que los de pueblo somos tontos.


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